Lord Studs Auslinger

Fundador de la Casa Auslinger

Description:

Nacido Studs Colina, es el hijo bastardo de un noble cuya identidad solo conocen unos pocos; Studs nunca habla de ello, ni siquiera con su familia. De sus primeros años se sabe muy poco, pero de alguna forma al empezar la Rebelión de Robert Studs lideraba, con la ayuda de su hermano Eldridge y del caballero errante Ser Wallace Blake, una compañía mercenaria a sueldo de Tywin Lannister: Las Hachas Sobre Poniente (algunos dicen que Tatoon Westerling, casada con él hace poco, también tenía hombres de la compañía a su cargo y luchaba en primera línea junto a ellos, pero la lady lo desecha como un rumor ridículo).

Las Hachas pasaron la mayor parte del conflicto en la zona norte de las Tierras Occidentales. Aunque la guerra propiamente dicha se desarrollaba lejos de allí, muchas casas nobles aprovechaban el caos reinante para atacar a sus vecinos más débiles. Ese fue el caso de los Teynham, la casa que en aquella época ocupaba Canto Rodado ; lanzaron un ataque sorpresa contra sus vecinos los Damett, y aunque no consiguieron tomar Rocarribera causaron graves daños al castillo y las tierras circundantes. Lord Hoster Tully exigió una explicación a Tywin, mientras los aliados de los Damett se preparaban para contraatacar, y los Lannister (por entonces neutrales) podrían haber entrado en la contienda a su pesar si el señor de Roca Casterly no hubiera actuado con su clásica rapidez y contundencia: cuatro días después del incidente, Las Hachas Sobre Poniente ya habían tomado Canto Rodado y capturado a Lord Walter Teynham, que fue ejecutado por traición. Y junto a él toda su familia.

Con Canto Rodado vacío y no deseando darle más poder a ninguna de las casas vecinas, al terminar la guerra Tywin Lannister se lo ofreció a Sir Studs, que le había servido fielmente no solo allí sino en varios frentes más (aunque ese es otro de los temas que siempre evita). Disolvió la compañía mercenaria, quedándose a su lado a Eldridge y Wallace y ofreciéndoles a los demás un puesto en la guarnición del castillo, y así nació la Casa Auslinger.

Alto y fornido, ya no está tan en forma como antes pero sigue siendo un guerrero temible. Por lo general se muestra afable en las conversaciones y sobrio en las discusiones; está contento con cómo le ha tratado la vida, aunque es muy consciente de que lo que tiene es porque se lo ha trabajado. De lenguaje cuartelario aunque se esfuerce, sobre todo delante de sus hijos, por evitarlo; amante del buen vino y de las mujeres guapas, al menos hasta que Lady Tatoon le mira como solo ella sabe.

Bio:

Citas

De mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos.

Ser William es un chaval que los tiene bien puestos, me alegro de que mi pequeño sea su escudero; a ver si consigue espabilarlo de una vez y que se deje de tantos libros.

Haría cualquier cosa por volver a ser joven… excepto hacer ejercicio, madrugar, o ser un miembro útil de la comunidad.

_Aldrich… es un buen chico, no lo niego, pero ya podría parecerse a sus hermanos. ¡Qué narices, o incluso a mi! Me gustaría que hubiese pasado más tiempo con el maestro de armas y no tanto con el maestre, rodeado de libros… no le contéis nada de esto a mi señora esposa, claro.

Relatos

Nueva vida.

La parte superior de las escaleras que dominaban el gran salón era, con diferencia, la mejor posición desde la que contemplar el esplendor del castillo. Eso era lo que Tatoon, esposa de Studs Auslinger, le decía regularmente. Era también el mejor lugar desde el que ver a los enemigos, pensó Auslinger pragmáticamente. Bajo él, el gentío empezó a acallarse mientras los asistentes a la fiesta se percataban de la presencia de su anfitrión. Lentamente primero, con más fuerza después, los aplausos llenaron el salón.

” Permitidme ser el primero en felicitaros, mi señor”, dijo Walter, el mayor comerciante de la region, claramente entusiasmado por la idea de gozar del favor del nuevo Lord de esas tierras.

Auslinger sonrió con elegancia, asintiendo con la cabeza en digna aceptación. “Gracias, maese”, replicó con formalidad. Sus invitados le rodeaban ahora, y se preguntaba dónde estaría su propia familia, tal era el tamaño del vasto salón del castillo. Apareció una copa de vino en su mano, llevada a su lugar por un asistente magnifícamente engalanado, resplandeciente con los colores de la casa Auslinger. Rramente había sido visto antes en presencia de tanta gente desarmada, pensó. Sin embargo, los viejos hábitos resultaban dificiles de olvidar, y aprovechó cualquier oportunidad para observar a los que le rodeaban, buscando peligros potenciales. Auslinger se movió a una de las grandes ventanas desde las que se contemplaba el gran patio del castillo.

“¿ Qué ha hecho exactamente para merecer todo esto?”, la mano gesticuló enérgicamente, derramando la bebida de la copa que sostenía. ” Que me cuelguen si lo sé”.

Auslinger se detuvo. Supo instintivamente que la conversación versaba sobre él y le intrigó lo suficiente como para permitir que el individuo continuara sin ser consciente de que Auslinger estaba tan cerca. El resto del grupo intentó, tan sutilmente como les fue posible, silenciar a su compañero, pero sin resultado alguno, “¿Qué?¿Tengo que temer expresar lo que pienso?¿Qué va a pasarme?¿Puede ser que el gran general haga que me ejecuten por expresar en voz alta lo que opino?”

“¿Y cual es, exactamente, vuestra opinión, maese Jon??”, preguntó Auslinger, con la voz tan serena como siempre.

Jon se dio la vuelta sorprendido aunque, había que reconocérselo, sin miedo. Se recompuso y continuó. “Decía, mi señor Lord Studs Auslinger, que soy incapaz de ver por qué vos, en particular, deberíais ser tan afortunado como para disfrutar de tan grandiosos lujos”. Los demás murmuraron sonoramente, pero Jon Madine continuó:” No veo ninguna razón aparente para que un hombre tan…¿Comó decirlo? De linaje tan llano, deba de obtener tanto, mientras que otros se esfuerzan por obtener lo que quieren, a pesar de haber nacido en los mejores estratos de la sociedad”.

Auslinger sonrío a su vino antes de alzar la mirada. “Estáis diciendo entonces que soy un indeseable advenedizo?”, preguntó, sin rastro de ira o molestia en su rostro.

“Si debo, entonces sí”, continuó Jon. Se había dado cuenta de que la habitación estaba en silencio. Todas las miradas estaban pendientes de la conversación.

Auslinger sabía lo que estaba pasando. Sabía perfectamente dónde se hallaba cada persona en el salón. Había visto a Tatoon hacía poco, a no demasiadas yardas de allí mismo, con sus dos chicos a su lado. Ahora mismo le miraba con algo de preocupación, pero no cruzaria su mirada con la de ella. Tenía que hacer algo ahora mismo. Algo que calmara a esta gente, porque sus tripas sabían que, lo que Jon había tenido el coraje de decir, lo pensaba el resto.

Aclaró su mente.” Os voy a proponer una cosa, maese Jon”, empezó a hablar, lo suficientemente alto como para que todos le escucharan. “Bajemos, vos y yo, al patio. Haré que mi maestro de armas cargue diez ballestas. Luego os pondréis contra esa muralla de allí y dispararé diez veces contra vos desde, digamos cien yardas. Si sabrevivís, podéis quedaros con todo esto. Podéis tomar a mi esposa. Supongo que la consideráis también demasiado buena para mí”.

Hubo murmullos por toda la habitación en ese momento, pero no de Lady Tatoon, que conocía a su marido mejor que ningún otro de los presentes, incluido el susodicho. Es más, estaba de acuerdo.

“Esa, mi señor, es una idea francamente estúpida, si no os importa que os lo diga”, replicó Jon, desconcertado por el inesperado cariz que tomaba la conversación.

“¿Ah, si?”, preguntó Auslinger, cuya cara era una máscara de inocencia. “Pues para obtener todo esto, me he enfrentado a eso más de un millar de veces”, dicho lo cual giró sobre sus talones y buscó la compañía de su noble esposa.

Lord Studs Auslinger

A Song Of Ice and Fire and Axes Sezhed