Ser Harold Auslinger

Hijo mayor y heredero de Lord Auslinger

Description:

Es un chico de 17 años de cabellos rubios oscuros. A esta edad ya ha alcanzado en altura y complexión a su padre. Tiene los ojos de un verde claro y los rasgos duros. Tiende a mostrar un porte altanero y orgulloso.

Siempre ha tratado de llevarse bien con todo el mundo pero su caracter serio y maduro hacía que la gente no mostrara tanto afecto como podría conseguir su hermano menor Aldrich.

Desde pequeño ha mostrado interés por todo cuanto han intentado enseñarle pues su padre siempre le había dicho que todo conocimiento le serviría tarde o temprano. Lo único en lo que ha destacado han sido las justas aunque aun le queda mucho por aprender.

Tiene una extraña afición hacia el coleccionismo de armas de todo tipo, la cual no gusta demasiado a sus hermanos.

No tendría más de 12 años cuándo salió de caza con su padre y lo defendió de un jabalí que quiso embestirle. Lanzó su hacha de mano y derribó al animal al impactarle en el craneo. Debido a esto su padre le concedió el beneficio de portar a “calvificadora”.

Bio:

Cuando los desembarqueños hablan de “El hombre que rompió seis lanzas contra Gregor Clegane y vivió para contarlo”, no se refieren a otro que a Ser Harold.

CITAS:

“¿No te has fijado en que eres igual de rubio que el bardo?” Frase dicha a su hermano Aldrich para obsesionarle con la idea de que no era hijo legítimo.

RELATO:

No había pasado mucho del mediodía cuando Lord Studds y su hijo mayor salieron de caza al bosque de encinas cercano al castillo. Aquella noche había llovido con lo que la tierra estaba pesada por el barro. Los olores eran más fuertes debido a que la lluvia había agitado todas las plantas aromáticas y muchas habían abierto sus flores para recibir el refrescante aguacero. Había mucho movimiento en el bosque, los pájaros buscaban broza para sus nidos, los pequeños roedores recogían las bellotas que la lluvia había tirado y, por supuesto, los jabalíes estaban muy activos ante la abundancia de comida en el suelo.

“Padre, ¿Puedo lanzar la primera saeta?” dijo Harold.

“Sólo si ves tu primero a la presa. No pienso dejar que me adelantes ya y vayas presumiendo haciéndome aun más viejo.” Respondió su padre.

Harold no volvió a abrir la boca hasta que localizaron a un ciervo pequeño, claro que su padre ya galopaba hacia él cuando ni tan siquiera Harold lo había visto. Puso al galope a su caballo y siguió a su padre esperando que le dejara por lo menos dar un golpe al animal.

Vió cómo el hacha de mano de Lord Studds se dirigía en el aire hacia el costado del ciervo y un segundo más tarde impactaba incrustándose profundamente en su costillar. El sonido del hueso al quebrarse y el de la sangre al salir despedida del cuerpo fue la señal que hizo que el señor Auslinger descabalgara. Se acercó con andar rápido mientras empuñaba ya otra hacha, esta vez una grande con doble hoja que le sirvió de herramienta para decapitar al moribundo animal.

Al instante apareció Harold a pie para ver la presa y sin decir nada ayudó a su padre a subir al ciervo a la grupa de su caballo.

Al terminar esta tarea Lord Studds puso una mano sobre el hombro de su hijo y le dijo:

“No te decepciones, pero te costará mucho ser mejor que yo. Quizá algún día lo consigas pero para entonces ya habré dejado de competir contigo.”

Y una sonora carcajada del señor retumbó en el bosque.

Tras esto Lord Studds se dirigió a recoger la cabeza del ciervo. Una vez la tenía en las manos y caminaba de vuelta hacia los caballos, Harold vio a un jabalí como nunca antes había visto dirigirse hacia su padre. A pesar de su tamaño alcanzó una gran velocidad cargando hacia el Lord por la espalda de éste. Harold no pudo más que gritar una advertencia:

“¡Haceos a un lado, padre!”

Una vez Lord Auslinger saltó para rodar a un lado, Harold lanzó su hacha tal como le había enseñado su tío. El hacha voló y por un instante pareció que fuera a dar con el astil, pero siguió girando para clavarse con fuerza en la cabeza del jabalí. El jabalí estaba muerto antes incluso de que cayera al suelo. Se quedó mirándolo un instante antes de acercarse a ayudar a su padre a ponerse en pie.

“¿Estais bien, padre?”

“Sólo un poco sucio de barro, pero sí, estoy bien.”

“Creo que hoy vamos a comer bastante bien con estas dos piezas.”

“Bien, supongo que esta noche tendré que agradecértelo. Tras la cena tendrás una sorpresa Harold. Sólo espera hasta entonces porque tendría que comentarlo con tu madre y no se cuánto me costará convencerla.”

Suspiró, miró al animal y le hizo una señal a su hijo para que le ayudara a cargar al jabalí en el otro caballo.

“Volvamos, no quiero tener otra vez que depender de la suerte de mi hijo.”

Espoleó a su caballo y puso rumbo al castillo. Aquella noche Harold Auslinger recibió como muestra de agradecimiento la espada de acero valirio de su padre “calvificadora”.

Ser Harold Auslinger

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