Maestre Dane

Maestre de los Auslinger

Description:

Joven maestre de la casa Auslinger, dornita de nacimiento. Llegó hace pocos años a Canto Rodado, tras la muerte del viejo Maestre Travis, que también había sido el maestre de los Teynham. Se ha encargado, por lo tanto, de la educación de Aldrich y ahora de la de Storm, pero no de la de los dos hermanos mayores.

Tiene una relación especial con Aldrich Auslinger.

Bio:

Hay pasiones que la prudencia enciende y que no existirían sin el riesgo que provocan.-Cita

El mejor olor, el del pan; el mejor sabor, el de la sal; el mejor amor, el de los niños.-Cita

Es cierto que el amor conserva la belleza y que la cara de las mujeres se nutre de caricias, lo mismo que las abejas se nutren de miel. -Cita

“Llevo tiempo observándoos, en silente devoción, en el patio, secretamente. No hago bruscos movimientos que pudieran delatarme, alertaros y estropear mi inocente pasatiempo. Cada imagen es un regalo para mis ojos abiertos, deleitándose en la contemplación de vuestro semblante sereno, ensombrecido en ocasiones por alguna pena tan secreta como yo. ¿Que os aflige, pequeño? ¿Podría ayudaros yo? Si vos me dejaseis os escucharía, acariciándoos el cabello con ternura y con pasión, acogiéndoos en mi pecho. Pero para que fuera perfecto, yo no tendría que ser yo…

En ocasiones me descubro siguiéndoos y lucho contra la tentación de aproximarme y, retirándoos vuestros níveos cabellos, besar fugazmente vuestra nuca y esconderme de nuevo. ¡Sería tan tierno y tan osado acariciaros con mi aliento! No negaré que os espió por la ventana de la torre, como un ladrón, porque no hay mejor oro, niño mio, que el que tan enfermizamente ansío, prendido de vuestro pelo. ¡Cuantas veces lo imagino recorriéndome el cuerpo como un manto divino! Dudo que pudiera curarme la obsesión terrible de sentiros, de veros en mis sueños, vuestra carne sobre la miá, dejando el pudor tirado por el suelo, como mudas de piel antigua de dos serpientes, dos dragones en celo.

A veces pienso que buscáis provocar a esta,vuestra discreta sombra del despacho, cerrando las puertas, a sabiendas de que estoy dentro, aguardándoos. La mandíbula se me descuelga, al sentiros tan cerca y no poder tocaros. Extiendo una mano hacia vuestra rodilla, que apunta hacia mi nariz con descaro, y al instante la retiro. En mi posición acuclillada, es muy posible salir mal parado… Observé hoy con sorpresa que vuestras piernas, inquietas, amenazaban puntapié. ¿Os era ingrata de pronto mi presencia? Hubiera dado cualquier cosa por colarme entre esas columnas inquietas que resguardan el sagrado templo de mi placer y tu belleza…Me hubiera deslizado a gatas, felinamente, hasta vuestra silla; escalado con dedos ingrávidos vuestra sublime fisonomía, aferrándome a cualquier saliente, como un escalador desesperado.

Hoy os hubiera besado, pero estabais nervioso e impaciente y yo no tuve el valor de contrariaros… Os besé con los ojos como no pude con los labios.

Vuestro amante confeso”

Extracto del diario personal del maestre Dane, fechado alrededor del 295, en referencia a Aldrich Auslinger.

El extraño mundo de las lagrimas

Tapono el bote de tinta y lo dejó en la estantería junto a los demás, hace tiempo que descubrió las ventajas de ser ordenado, miró la mesa en la que había estado escribiendo hasta hace un momento, la pluma manchada de tinta que descansaba aun sobre el mueble era testigo mudo de las palabras que había plasmado en su diario. La noticia le había dejado confuso, por lo inesperado de la misma, y necesitaba dejar sus pensamientos en inquietudes en las paginas de su diario. Ahora ya se encontraba mas relajado, escribir le ayudaba a despejar su mente, había asumido lo que se anuncio antes de la cena, hizo que le subieran la cena alegando que tenia tareas aun por acabar.

Dane se dejo caer sobre su cama, acariciándose la sien, era evidente que este momento llegaría antes o después, no poseía ninguna idea ingenua al respecto, pero si es cierto que le parecía demasiado pronto.

Si así se sentía él, un hombre maduro, no imaginaba como se sentiría la otra persona implicada. Aliso las sabanas antes de salir de su cuarto, los miembros de la familia ya estarían en sus respectivos aposentos después de la cena, agarró el candil y comenzó el descenso hacia las habitaciones. Como maestre su habitación y su estudio, estaban cerca de la pajarera para cuervos, en los pisos mas altos de la torre del pequeño castillo. En su descenso extendió la mano en busca de la pared, mas por buscar una mayor estabilidad que por el agrado de sentir la piedra. Canto Rodado poseía una opulencia que casi parecía fuera de lugar, para no ser mas que un castillo formado por una torre del homenaje, un par de torres y una muralla; no cabia la menor duda de que estaba en las tierras occidentales.

La habitación que buscaba no era difícil de encontrar, la conocía demasiado bien. Se detuvo y escucho a través de la puerta, era mejor entrar sabiendo lo que se iba a encontrar, los sollozos ahogados que consiguió distinguir, era todo lo que necesitaba para decidirse a entrar. Miro en derredor, ningún criado inoportuno asomo por allí, y golpeo con sus nudillos la puerta, de una forma sutil pero a la vez enérgica para hacerse oír. ¡Dejadme en paz!- respondió una voz aguda y temblorosa, nada intimidante. Dane se preocupo porque ese desaire hubiese alertado alguna doncella, suspiro y se tomo un breve tiempo antes de volver a llamar, seguramente Aldrich imaginaba que seria alguno de sus hermanos, que vendrían a burlarse de él. La segunda vez golpeo de forma rítmica que de seguro el muchacho conocería y, aunque no hubo replica ni una respuesta airada, paso a la habitación.

La habitación estaba completamente a oscuras, dejo el candil sobre un baúl, cerro la puerta tras de si recogiendo el candil del precario equilibrio en el que se encontraba, estiro el brazo para iluminar la cama, cuyas sabanas se encontraban retorcidas y casi en el suelo. El estado de la cama no le imputaba, le importaba el muchacho que se encontraba tendido sobre ella, boca abajo, y con el rostro hundido sobre la almohada para ocultar su rostro y amortiguar el sonido de su llanto. Ahora Aldrich parecía que volvía ser un niño pequeño y asustadizo, hecho que provoco que sintiera una infinita compasión por el muchacho, comprendía lo que le afligía mejor que nadie. Aldrich siempre había querido destacar sobre sus hermanos pero, la diferencia de edad con estos, hacia que resultase una tarea ardua y, numerosas veces, frustrante. Encontró un área en la que ninguno de sus hermanos destacaba, la retórica y la lengua, siempre habido de conocimiento Aldrich maduró demasiado rápido, Dane admitía su gran implicación en este hecho, intentando aparentar siempre una edad, y sapiencia, mayor a la que le correspondían. Estaba jugando a ser adulto pero se había hecho daño, el equivalente infantil de despellejarse la rodilla, y ahora lloraba como el niño que era; esta herida no se curaría con unas cuantas caricias y un beso en la frente. Dane no hablo, dejo el candil en el suelo y se sentó en la cama, junto al cuerpo tendido de Aldrich, dejaría que fuera el chico el que iniciase la conversación cuando se sintiese preparado. Coloco su mano derecha sobre la espalda de Aldrich, acariciándole con suavidad, y, al fin, los sollozos cesaron.

No estabas en la cena… – Costaba distinguir si el tono era de reproche o solo informaba de un hecho evidente. Había girado el rostro para hablar – le dije que era muy joven, pero no me escucho… – A pesar de la tenue luz Dane pudo ver, de soslayo, el rostro afligido de Aldrich.

Enfrentarse a la idea del matrimonio, a tu edad, nunca es fácil Aldrich.-

Yo… yo no se como se percató – Aldrich volvió a ocultar el rostro entre la almohada y reanudo el sollozo.

He, he, vamos Aldrich.- Movió su mano para que la espalda de Aldrich se moviese también. Aldrich tendría que ser mas preciso para que pudiera ayudarle- El mundo no se acaba y tu no tienes ya edad para estas escenas. Venga, gírate, si hay algo que e enerva es que me hablen de espaldas. Debes un poco de respeto a tu maestre pequeña bestia.

Lla-llamándome así te mereces… – Aldrich se contuvo para no soltar una imprecación. Al menos el sollozo se detuvo- No quiero que me veas con el rostro compungido y los ojos hinchados.

Aldrich, si deseas que me marche dilo pero no uses excusas tan banales- Lanzo un suspiro hastiado- Se que eres capaz de elaborar algo de mas nivel.- Le acaricio el cabello, a la altura de la nuca- Cuéntame, mi joven señor, como yendo de invitado a una boda acabas siendo tu el prometido de la joven que iba a contraer matrimonio.-

Aldrich se incorporo pesadamente. Durante la narración, el brazo derecho de Dane envolvió los hombros del pequeño, tenia 12 años pero seguía refiriéndose a él como pequeño. Dane también le limpio el rostro de lagrimas y mucosidad. Le contó la historia con todo lujo de detalles, quizá demasiados para el gusto del maestre, como descubrió el estado de la joven, como fue a sus aposentos para intentar chantajearla y el resultado, para nada previsto, de dicha conversación.

Y dime como supo vuestra madre que ella y vos… – Enarco ambas cejas.

No, no sabría decirte- Aldrich ya parecía más relajado- Estabamos regresando cuando, no recuerdo por que ni que, dijo mi madre algo referente a Lady Harte y yo me retrase un poco con el caballo, ella me miro con esa mirada, esa que se le pone cuando alguno de mis hermanos no se comportaban, y de algún modo lo supo.- bajo su cabeza hasta el regazo de Dane, apoyándola en sus muslos- Yo no quería pero de algún modo quise. Lo siento, yo no quería que esto ocurriera- Dane, temiendo un nuevo torrente de lagrimas, calmo al chico acariciándole y chistándole, la luna debía de encontrarse ya en su cenit.

Tranquilo, ambos sabíamos que esto iba a pasar, ya te advertí sobre ello. –Aldrich parecía querer añadir algo pero un movimiento de su pierna basto para que no le interrumpiese. – Aun tienes tiempo hasta la boda para hacerte a la idea y, mirando el lado bueno, no te has marchado a ninguna zona lejana, incluso te has adelantado a tus hermanos a la hora de encontrar esposa. – En la mente del chico no debía de parecer un gran consuelo, ya se daría cuenta e solo. Aldrich, una vez liberado de su carga, no tardo en dormirse.

Dane lo contemplo unos minutos antes de dejarlo sobre su cama, con cautela para no despertarle. Había mucho de lo que preocuparse tras esta charla, no solo el hecho de la futura marcha de Aldrich, pupilo con el que compartía una relación prohibida pero cuyo amor era sincero, sino por lo que pudiera saber la perspicaz madre de este ¿era posible que tuviera constancia de su relación? ¿si la respuesta era afirmativa, que le impulsaba a guardar silencio y no intervenir, la honra, el orgullo o algo mas? En cualquier caso, Era un asunto complicado para tan altas horas.

Maestre Dane

A Song Of Ice and Fire and Axes Sezhed